Caleta Tortel, el pueblo desnocido de la Patagonia

 

Uno de los pueblos más interesantes para aquellos que recorren la Carretera Austral del sur de Chile es Caleta Tortel, un lugar donde no se permiten vehiculos, pero es más, ni siquiera cuenta con calles por donde pasear.

Enmarcado por unas verdes montañas y un cristalino estuario, el pequeño pueblo se comunica entre sí a través de pasarelas y escaleras de madera. Esta curiosa forma de asentamiento y su particular encanto es lo que llama a centenares de turistas al año a pasearse por sus pasarelas.

 

 

Entre los Campos de Hielo Norte y Sur, al sur de la Región Aysén, el pueblo ha estado prácticamente incomunicado por muchos años, ya que no era nada sencillo llegar hasta allí, solo podía realizarse vía marítima. Eso cambió en 2004, cuando se construyó la carretera que llegó hasta su plaza y que sacó del aislamiento a sus habitantes.

En la actualidad, las rústicas casas, la multitud de restaurantes y negocios de artesanía, los clásicos barcos y las construcciones hechas en madera, unida a las espectaculares vistas desde todos sus pintorescos rincones hacen que pasear por el pueblo sea una experiencia inolvidable que logra transmitir al turista la cultura del sur de Chile. Además existen numerosos establecimientos para pasar la noche, desde campings al aire libre o bajo un techo de madera, pasando por cabañas rústicas, hasta habitaciones de hotel de todos los tipos: compartidas, baratas y caras, con desayuno y sin él, en el centro o alejadas del mismo.

En Caleta Tortel el clima es lluvioso prácticamente todos los días del año. Es por eso que la montaña donde se asientan muchas de las casas mantenga siempre un verde intenso. Este bello pueblo puede recorrerse por el costado del estuario a través de una pasarela que bordea la montaña y sigue y sigue hasta perderse de vista en una amplia y llana extensión.


A lo largo de este recorrido se construyeron una serie de miradores techados donde se puede observar el paisaje cómodamente en uno de sus característicos días de lluvia. Igualmente las pasarelas y escaleras de madera de ciprés se suceden montaña arriba, comunicando las coloridas casas de la montaña unas con otras. En la misma montaña se encuentran miradores en lo alto para apreciar mejor toda la extensión del pueblo.

 

 

Una de las actividades más demandadas en este lugar es un paseo en lanchas o barcos por el  río Baker para llegar hasta la isla de los muertos. Este lugar es famoso porque en 1905, más de un centenar de obreros chilotes murieron en estas tierras. Aunque hay muchas teorías de estas muertes, entre ellas que fueron envenenados por la empresa que los contrató para no pagar su salario o que fueron muriendo accidentalmente por comida en mal estado, ninguna se ha probado nunca. La dificultad de tránsito obligó a los habitantes a trasladar sus cuerpos y enterrarlos en la isla, y en la actualidad se ha convertido en un lugar turístico por su excepcionalidad.

 

Hoy en día pueden verse más de 30 cruces que señalan el lugar donde reposan los fallecidos, aunque en épocas anteriores las cruces eran muchas más, llegando incluso a superar las 115 lápidas. El pasaje hasta allí es fácil de conseguir, aunque el precio es bastante caro si se pretende ir solo o con una persona. El camino es en barco y se tarda unos 15 minutos en llegar desde Caleta Tortel.

 

 

 


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